Voy a hibernar. Estamos demasiado heridas ahora. La COVID, el auge fascismo, la precariedad, la falta de materias primas, el cambio climático, la soledad silenciosa, el amor romántico trasladado y capitalizado a las familias en las fiestas, las muertes de bell hooks y Almudena Grandes, las masculinidades tóxicas y violentas, la transfobia, el racismo que perpetuamos consciente o inconscientemente las blancas, la ansiedad social, la depresión, el frío y el precio de la luz…

Voy a hibernar. Aletargar mi sangre, cerrar los ojos, caminar en el monte, deshilachar la madeja que me lleva y me lleva y ponérmela delante de mi cuerpo desnudo.

¿Qué somos en invierno? ¿Puede haber un invierno?

Cierro el trabajo de la editorial desde el 22 al 10, porque lo necesito. Cierro sus redes, lo que significa que el algoritmo que lleva a que sigamos creciendo para sobrevivir, me castigue.

Cierro ventas, cierro envíos y cierro InDesign y Asana. La voz que me invade triste me habla lento y necesito de lo lento.

Somos pequeñas y está bien así ahora, está bien estos días, ¿no sería bueno decirnos estos días ‘está bien así’ y bailar?

Bailar contra todo lo que quiere forzarnos. Bailar también para sobrevivir.

Reivindico el invierno, para todas, para que salga la palabra. La palabra, como la vida, no se puede forzar. Por eso a veces somos tierra y silencio.

Quiero para ti el silencio. Un abrazo, un abrazo que dure mucho, un abrazo donde dormir a solas.

Nos vemos en la epifanía.

 

sam