Entrevista a Magalí Vidoz, autora del libro de la colección Los Hilos, Memorias de la luz

Magalí Vidoz acaba de publicó en junio del 2020, Memorias de la luz, un diario de viaje que habla de nuestra capacidad de sobrevivir desde lo vulnerable y de la belleza de la complejidad de la vida desde su mirada más íntima.

«La palabra es la mirada que se posa»

Ahora que vivimos un mundo que tiende a la quietud forzosa y cerrar las puertas, sale este libro de Magalí a propósito de la experiencia de viajar y de la libertad, como unas palabras que vienen a arrojar luz sobre nuestras propias experiencias, las que tuvimos, las que tenemos ahora y las que tendremos en el futuro. De una tarde lluviosa de otoño salió una hermosa entrevista en la que hablamos de la fuerza que se esconde dentro de lo frágil y de la libertad que nace en el seno de lo posible.

  • P: ¿Cómo es tu proceso de escritura, Magalí?

R: Yo no soy el tipo de escritora constante, tengo momentos de muchísima escritura y momentos de nada de escritura. Para mí la escritura no es más importante que la vida. En un momento lo fue, y aquello me generaba ansiedad, pero me di cuenta de que, en realidad, es un flujo que va y viene como otras cosas en mi vida. Es como comer tu plato favorito, no es que una lo haga todo el tiempo, simplemente lo hace en determinados momentos. Mi proceso se va dosificando.

Siempre estoy escribiendo, pero no siempre para mí, yo trabajo para otras personas también y me encanta, pero mi proceso de escritura personal es muy random. Los libros de poesía que tengo los he escrito del tirón. Mi proceso es más como que escucho un sonido, lo siento con todas las células de mi cuerpo y sé que tengo que escribir y no puedo hacer otra cosa. No hay zona de grises, o escribo o no escribo, y si hay algo ahí para ser escrito, se escribe y ya está. No puedo ir trabajando como poco a poco.

  • P: Ahora estamos viviendo un momento de muchísima nostalgia, un momento que se refugia en el pasado para alimentar la esperanza de un futuro incierto. Tu libro juega mucho con el concepto del tiempo y en él no sigues una secuencia cronológica de los hechos, sino que tratas de traer al presente todo lo que arroja luz o arrojó luz en algún momento. ¿Cómo se puede conseguir eso, rescatar el pasado y devolverle a la vida en momento presente?

R: A través del sonido, porque somos vibración, nuestro cuerpo se va moviendo. Traer el pasado para mí se hace con un conjunto de palabras, generalmente pocas que tiene una fuerza que mueve el presente. Sin embargo, no siempre lo que traes es lo que fue. No todo lo que dice el libro es cierto, hay hipérboles y una voluntad de agrandar o empequeñecer situaciones. En realidad, lo que escribía no era el pasado, era el presente que estaba viviendo dentro de estas huellas. A veces me emocionaba más de escribir el libro que de aquello sobre lo que estaba escribiendo.

  • P: La escritura de este libro, que parte de la experiencia de un viaje que hiciste desde la necesidad de salir de Argentina, relata una transformación interna que fue muy poderosa en ese momento, ¿qué ocurrió con Magalí Vidoz en ese viaje?

R: Hubo una transformación tremenda. Hubo un antes del viaje y un después del viaje. Más atrevida, más segura de mí misma. Comencé a saberme una mujer fuerte, inteligente, capaz de solventar problemas, salieron herramientas internas que no sabía que tenía. La incertidumbre del viaje me iba limpiando y me iba sanando. Descubrí mi lado más salvaje, más sensual, más libre.

  • P:En esta crisis sanitaria estamos refugiándonos en nuestros hogares, tenemos muy pocas posibilidades de viajar y sentimos eso como un dolor, como una parte que nos quitan. En tu libro hablas del viaje como una apertura y un crecimiento interno que te permitieron encontrar tu yo más brillante. ¿Crees que se puede crecer de la misma manera viajando a diferentes lugares que permaneciendo en un mismo lugar?

R: Sin duda. Somos una unidad que siempre permanece, ya sea de viaje, ya sea en un lugar, en esa unidad la vida se presenta y aporta cosas. La vida se mezcla con esa unidad y en esa mezclan siempre se revelan cosas importantísimas, para aprender, para vivir una vida más auténtica. El viaje que yo hice, en mi caso, había mucha incertidumbre, idioma, visas, dinero…, lo que me alivió con un sentido de confianza que nunca habría logrado. Por otro lado, al no conocer a nadie y tratar de sobrevivir, salió mi yo más salvaje, más rebelde. El viaje me limpió, brillaba mi yo más auténtico. Pero después de viajar como 5 y 6 años tuve la necesidad de estar quieta, y en esa quietud también surgieron muchas cosas.

  • P: ¿Y ahora, cómo es tu presente?

R: Ahora estoy en un momento muy diferente. Hace ya casi dos años y medio que estoy quieta. Estoy construyendo una casita autosustentable, estoy en otras cosas. Y también estoy en este momento complicado que estamos viviendo, también desde todo aquello que me traje del viaje. Pude sobrevivir en un lugar extraño, sin conocer el idioma, sin pasaporte europeo, sin una red, con 1,43 euros en el bolsillo. Ahora el miedo tiene una cara diferente para mí.